Por Rachael Botting
A mis hijos les encantan las canciones de cuna a la hora de dormir, y a pesar de nuestra falta de destreza musical, mi esposo y yo les hemos estado cantando canciones a la hora de acostarse desde que nuestro hijo mayor era un bebé. Él era un pésimo dormilón cuando nació, así que cada uno de nosotros pasó muchas horas en medio de la noche cantando las mismas canciones una y otra vez para arrullar a nuestro hijo hasta que se durmiera. Rápidamente nos cansamos de las canciones de cuna habituales y, en su mayoría, nos encontramos cantando himnos y otras canciones clásicas de la escuela dominical.
Una de las canciones que me descubrí cantando fue el clásico infantil “Cristo me ama” (“Jesus Loves Me”). Como una nueva madre privada de sueño y estudiante de doctorado de tercer año en ese momento, mi mente ya estaba acostumbrada a analizar cada práctica formativa de fe en la que nos involucrábamos como padres. Y mientras le cantaba esta canción cristiana clásica a mi recién nacido, comencé a preguntarme acerca de las implicaciones no intencionadas de su mensaje.
Fe experimentada
Los niños, especialmente los más pequeños, aprenden a través de la experiencia. De hecho, un estudioso de la formación de la fe, John Westerhoff, describe la primera “etapa” de la formación de la fe como fe experimentada. En los primeros años, los niños interiorizan sus experiencias sensoriales mientras desarrollan su comprensión de Dios y de Su mundo. Sienten el amor de Dios mucho antes de poder hablar del amor de Dios, y mientras yo repetía una y otra vez las palabras “Porque la Biblia lo dice” a mi recién nacido, comencé a reflexionar en todas las maneras en que esperaba que mi hijo adquiriera un conocimiento experiencial del amor de Dios a medida que creciera.
_
«… quería que mis hijos supieran que podían encontrar evidencia del amor de Dios en la Escritura, pero también quería que supieran que el amor de Dios también podía experimentarse de otras maneras».
_
No me malinterpreten. Creo firmemente que la Biblia es la fuente suprema de autoridad en asuntos de fe y que es la fuente principal de conocimiento sobre el amor de Dios hacia nosotros.
Pero también soy una educadora experiencial con una fuerte afinidad por la idea de que el conocimiento se valida a través de la experiencia, algo que John Wesley articuló en muchos de sus escritos. Las ideas de Wesley más tarde se organizaron en un marco teológico conocido hoy como el “Cuadrilátero Wesleyano”, que ilustra la comprensión de Wesley de cómo la razón, la tradición, la experiencia y la Escritura interactúan para dar forma a nuestra comprensión de Dios e interiorizar la verdad de la Escritura. Así que quería que mis hijos supieran que podían encontrar evidencia del amor de Dios en la Escritura, pero también quería que supieran que el amor de Dios también podía experimentarse de otras maneras.
Con solo 3 semanas de nacido, mi hijo era demasiado pequeño para escucharme hablar del Cuadrilátero Wesleyano (o, al menos, demasiado pequeño para entenderlo), pero sabiendo el poder formativo de los hábitos simples en los años de la fe experimentada, quería asegurarme de que mi hijo (y mis hijos posteriores) entendieran que el Dios de la Escritura es un Dios que está profundamente presente con nosotros en las experiencias cotidianas de la vida.
Evidencia de amor
En las primeras horas de la mañana, durante varias semanas, introduje algunas letras nuevas en la canción clásica. Estas palabras han servido como un recordatorio para toda nuestra familia de que el Dios revelado en la Biblia está vivo y activo entre nosotros, y que cuando luchamos por entenderlo intelectualmente, la evidencia de Su amor puede encontrarse a nuestro alrededor.
Coro:
Sí, Cristo me ama.
Sí, Cristo te ama.
Sí, Cristo nos ama.
_____ nos lo dice así.
Verso 1
Cristo nos ama, lo sé muy bien,
pues la Biblia lo dice también.
La Palabra de Dios nos da luz,
mostrándonos el camino de Jesús.
Verso 2
Cristo nos ama, lo sé muy bien,
pues la creación lo dice también.
Resplandece de día y de noche,
mostrándonos de Dios su gran poder.
Verso 3
Cristo nos ama, lo sé muy bien,
pues los amigos lo dicen también.
Hablan verdad dentro de nuestra vida,
en la oscuridad alumbran la salida.
Verso 4
Cristo nos ama, lo sé muy bien,
pues mi vida lo dice también.
Cada día Él me sostuvo a mí,
ciego era, mas ahora puedo ver aquí.
Verso 5
Cristo nos ama, lo sé muy bien,
pues tu vida lo dice también.
Cada día en ti a Dios yo veo,
y muy pronto tú también lo sabrás.
Mi hijo primogénito ahora tiene 4 años y medio, y comparte habitación con su hermano de 3 años. Al acostarlos en sus literas por la noche, les pregunto:
“¿Cómo sabemos que Dios nos ama?”
“¡La Biblia!”, responde uno.
“¡Mi vida!”, responde el otro.
Y así comienza nuestro tiempo de canciones de cuna, empapándonos en el amor de nuestro Dios siempre presente.
+

Rachael Botting, Ph.D., es discípula de Jesús, madre de niños y practicante-erudita en educación cristiana y ministerio al aire libre. Trabaja en Wheaton College (Illinois) desde 2014, donde actualmente es subdirectora del Proyecto Ritmos de Fe. Sus estudios de doctorado en la Universidad de Biola se centraron en los resultados de fe únicos y transferibles del campamento de verano, pero le gusta leer, estudiar y escribir sobre una variedad de temas relacionados con la formación en la fe, la filosofía del ministerio y el papel de la experiencia en la educación cristiana. Vive en Palmyra, Nueva York, con su esposo y sus tres hijos pequeños. Es miembro de la Iglesia Cross Creek, en la conferencia Génesis.
Escritura Cristiana y Materiales de Discipulado
+150 años compartiendo nuestro mensaje único y distintivo.
ARTICULOS RELACIONADOS