Por Lakin King

En un mundo de aislamiento social, algoritmos de redes sociales que crean burbujas personales optimizadas para generar interacción e IA generativa que dificulta distinguir la verdad de la ficción y elimina el toque humano del proceso de creación, la generación Z y la generación Alfa se enfrentan a una avalancha de dificultades. En última instancia, esto ha llevado a una escasez de autenticidad.

El mundo ofrece innumerables soluciones falsas a este problema de la autenticidad, ya sean influencers que diseñan cuidadosamente su imagen y estética para parecer auténticos (mientras promueven estilos de vida idealizados que prometen plenitud), simulaciones en línea de conexiones reales o un millón de maneras diferentes de redefinir la propia identidad en busca del yo auténtico. Como cristianos, sabemos que, si buscamos la verdadera autenticidad, lo que es realmente real, no necesitamos buscar más allá de Jesús, quien es el camino, la verdad y la vida.

La autenticidad de Jesús

Como comunidad de personas que han llegado a conocerlo personalmente, tenemos la oportunidad de ser la respuesta a las preguntas apremiantes de la cultura actual y ofrecer un testimonio radicalmente diferente de todo lo que el mundo tiene para ofrecer. Si queremos hacerlo, debemos centrarnos en edificar una fe auténtica en nuestras iglesias, siguiendo el modelo de la autenticidad de Jesús.

Jesús dedicó tiempo a invertir en quienes lo rodeaban, buscando a los heridos y quebrantados e invitándolos a una relación. Rompió con las burbujas de su época, pasando tiempo con personas de todos los sectores de la sociedad, desde las élites hasta los intocables. No permitió que las expectativas del mundo lo moldearan, sino que atravesó culturas para establecer relaciones, siempre seguro de su propia identidad, sin importar las expectativas sociales o culturales que lo rodearan. Se mantuvo comprometido con la verdad en todo momento, siendo compasivo sin ceder en sus convicciones, y dedicó tiempo al oficio de la carpintería, mostrando su creatividad y amor por la creación.

Todas estas cosas fueron aspectos clave de su autenticidad que hacían evidente que era diferente, y todas ellas nos sirven como ejemplos de cómo es el caminar cristiano auténtico. Imaginemos si nuestras iglesias estuvieran llenas de personas como Jesús, que invitaran a personas de todos los ámbitos de la vida a una relación, que pudieran entrar en cualquier lugar y sentirse seguras de la identidad que Dios les ha dado, que pudieran mantener unidas la verdad y la bondad, y que pudieran celebrar la creación, haciendo del mundo un lugar más hermoso dondequiera que estuvieran. Creo que el mundo lo notaría.

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 «Jesús dedicó tiempo a invertir en quienes lo rodeaban, buscando a los heridos y quebrantados e invitándolos a una relación».

 

A menudo, esto puede parecernos contrario a la intuición. Vivimos en un mundo que nos dice que tenemos que captar la atención, ser provocativos y adaptarnos a los tiempos si queremos que nos escuchen. Esta forma de pensar a veces puede infiltrarse en la iglesia, y podemos alejarnos de la humilde búsqueda de la cruz y enfatizar únicamente una fe llamativa, emocionante y orientada a la apariencia con el fin de mantener nuestra relevancia.

Caemos en la trampa de pensar que, si tan solo hiciéramos que Dios fuera un poco más “cool”, podríamos lograr que los jóvenes se interesaran en la iglesia. El problema con esto —aparte del hecho de que Dios ya es “cool” tal como es— es que no hay nada menos “cool” que intentar ser “cool”. Lo que más desean las personas en el mundo actual es autenticidad, y la autenticidad no se puede forzar.

Este es uno de los grandes desafíos para quienes somos líderes de la iglesia. No existe ningún programa, serie de sermones, ministerio de alcance o plan de evangelización que pueda revitalizar la fe de nuestras generaciones más jóvenes en ausencia de una relación auténtica y permanente con el Dios vivo.

Arraigados y rendidos

Creo que la generación Z y la generación Alfa anhelan desesperadamente el tipo de fe que está arraigada en un amor inquebrantable y en la rendición a la gracia de Dios; el tipo de fe que es humilde y honesta, que no es ostentosa ni jactanciosa, que busca la voz susurrante de Dios en lugar de las voces estridentes, incendiarias y egoístas que el mundo nos muestra constantemente. Anhelan una fe que no esté ligada a la uniformidad cultural, sino que esté arraigada no solo en ser uno mismo, sino en ser la versión más verdadera de uno mismo: el reflejo único de Cristo que Dios diseñó perfectamente para que cada uno de nosotros sea.

Esto es algo que nos resulta infinitamente frustrante. Queremos saber cómo podemos crear las condiciones adecuadas para un avivamiento, cómo podemos atraer a las personas adecuadas, cómo podemos plasmar algo en papel que muestre crecimiento y qué podemos hacer para marcar la diferencia. El problema con todo esto es que no podemos marcar la diferencia mediante nuestro propio poder.

Ninguna cantidad de esfuerzo humano ha salvado jamás una sola alma. Todo lo que realmente podemos hacer es rendirnos a Dios y permitir que Él marque la diferencia en nosotros. Así es como desarrollamos una fe auténtica.

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 «Ninguna cantidad de esfuerzo humano ha salvado jamás una sola alma. Todo lo que realmente podemos hacer es rendirnos a Dios y permitir que Él marque la diferencia en nosotros».

 

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Lakin King es miembro de Frazer Church en Montgomery, Alabama, y estudiante en línea de Wesley Biblical Seminary en Jackson, Misisipi. Actualmente cursa una Licenciatura en Artes en Ministerio Cristiano y está discerniendo y siguiendo un llamado al ministerio pastoral mediante el proceso de candidato ministerial local (LMC, por sus siglas en inglés). Actualmente dirige un grupo universitario en Frazer y ha servido en el programa de pasantías FORM tanto en Frazer como en Christ Community Church en Columbus, Georgia. Desde entonces, ha tenido la oportunidad de supervisar el área de comunidad y desarrollo del programa de pasantías FORM en Frazer.

 

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