Por Stacy Muñiz

¿Es prometedor el futuro? … La respuesta corta: sí.

Decoramos nuestros espacios y destacamos en nuestros materiales de comunicación una declaración de objetivos, enfoque y misión: “Traer plenitud al mundo amando a Dios, amando a las personas y multiplicando los seguidores de Jesús”.

Plenitud = Amor (Dios + Personas) + Multiplicación

Pero para que esa misión se manifieste de manera constante como una realidad puesta en práctica, “nosotros, el pueblo”, en todos los niveles del cuerpo, debemos asumir nuestro papel en la ecuación.

El capítulo 12 de 1 Corintios nos ofrece una perspectiva hermosa del plan de Dios para su cuerpo, la Iglesia, incluso en la creación del cuerpo humano: “En realidad, Dios colocó cada miembro del cuerpo como mejor le pareció. […] Lo cierto es que hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. […] Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de ese cuerpo” (1 Corintios 12:18, 20, 27).

A lo largo de este pasaje de las Escrituras se destaca una verdad evidente: cada parte del cuerpo tiene una función necesaria y esencial, sin la cual el cuerpo no puede funcionar en plenitud.

Recientemente tuve el honor de pasar una semana en el Centro de Ministerios Mundiales de la Iglesia Metodista Libre durante la famosa “semana de las siglas”. Más específicamente, tuve la oportunidad de participar como oyente en las reuniones del liderazgo denominacional, que incluyeron a nuestros superintendentes, la Junta de Administración, el personal del Centro de Ministerios Mundiales y la Junta de Obispos.

Este simposio colaborativo dedicó tiempo no solo a la capacitación y a la deliberación piadosa, sino también a la adoración y a la búsqueda silenciosa del corazón de Dios. El objetivo: ¿Cómo podemos liderar, preparar y enviar a quienes representamos para que cumplan de la manera más eficaz la misión de traer plenitud al mundo?

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 «Cada parte del cuerpo tiene una función necesaria y esencial, sin la cual el cuerpo no puede funcionar en plenitud».

 

Durante nuestro tiempo juntos, revisamos estrategias y sistemas, consideramos enfoques de reestructuración para la regeneración de ingresos y analizamos cómo sostener nuestros actuales centros fructíferos de adoración sin perder la oportunidad de cumplir la comisión de Jesús en Mateo 28, con la esperanza de añadir otros 86 y alcanzar un total de al menos 120 centros misionales adicionales para la Conferencia General de 2029.

Todo el cuerpo

Lo hermoso es que las reuniones exhaustivas no fueron simplemente un intento de revisar una esperanza global, sino también de orar y desempeñar con excelencia la responsabilidad fiduciaria y el llamado a gobernar el cuerpo con rectitud, hasta en el detalle más pequeño y crucial. Si consideramos a este grupo de líderes denominacionales como el cerebro del cuerpo, comprendemos la importancia y la cooperación esencial de todo el cuerpo. Ahora que han concluido las reuniones de la semana de las siglas, queda el trabajo por hacer, y ahí es donde entra en acción todo el cuerpo. Nosotros, el pueblo.

¿Harás tu parte? ¿Reconocerás los dones esenciales que aportas a este cuerpo eclesiástico? Tal vez consideres que tu posición es débil, pero el autor de 1 Corintios no estaría de acuerdo. “Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles son indispensables, y a los que nos parecen menos honrosos los tratamos con honra especial. […] Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de ese cuerpo” (1 Corintios 12:22-23a, 27).

Al hacer tu parte, contribuyes, incluso de la manera más pequeña, al pleno funcionamiento de la Iglesia para alcanzar el objetivo de traer plenitud al mundo. Tu amor por Dios te lleva a amar a las personas, lo que puede dar lugar a la transformación de una vida para seguir a Jesús, produciendo así la multiplicación de discípulos y trayendo sanidad restauradora a la relación entre Dios y la humanidad. Misión cumplida.

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 «¿Harás tu parte? ¿Reconocerás los dones esenciales que aportas a este cuerpo eclesiástico?»

 

A medida que cada uno hace su parte, nosotros, el pueblo, los apartados para Dios, aclaramos e iluminamos el futuro con la luz de Cristo.
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Stacy Muñiz, doctora en Jurisprudencia y magíster en Artes, es superintendente regional de la Conferencia Shoreline, pastora principal de la Iglesia Metodista Libre de Detroit Redford y cofundadora y presidenta de Beauty, Purpose & Destiny Inc.

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