Por Jason Shawa

Gozo al mundo

Qué temporada tan extraordinaria acaba de vivir el mundo. La Navidad suele estar marcada por reuniones familiares, intercambio de regalos, vacaciones y celebraciones destinadas a cultivar el gozo en nuestras vidas. Solo en Estados Unidos, la temporada navideña más reciente rompió récords: se estima que el gasto de los consumidores superó el billón de dólares durante noviembre y diciembre, convirtiéndose en la temporada festiva más grande jamás registrada. Los viajes también alcanzaron cifras históricas, con un estimado de 122.4 millones de viajes, frente a los 119.7 millones del año anterior.

Todo ese dinero gastado y esos kilómetros recorridos fueron impulsados por una esperanza compartida: celebrar una temporada de gozo. Y esto no es exclusivo de Estados Unidos. En todo el mundo, las personas se reunieron con familiares y amigos, anticipando alguna experiencia de felicidad, paz o deleite. Para muchos, la Navidad es el único momento del año en que el gozo no solo se espera, sino que se da por sentado. Esto plantea una pregunta importante para los seguidores de Cristo: ¿es el gozo solo para la Navidad?

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 «Cuando el gozo se entiende como una confianza firme en el carácter de Dios, en sus promesas y en su presencia interior, se convierte en un ancla para el alma».

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El gozo según lo define el mundo

Merriam-Webster define el gozo como la emoción provocada por el bienestar, el éxito o la buena fortuna, o por la expectativa de poseer aquello que se desea; un estado de felicidad o dicha; una fuente o causa de deleite. Esta definición refleja cómo el gozo suele experimentarse comúnmente: cuando la vida va bien, cuando las relaciones prosperan o cuando hay éxito y prosperidad.

En 2024, la periodista Katie Couric entrevistó a Steven Petrow, autor de The Joy You Make [El gozo que creas], sobre lo que más le sorprendió al escribir el libro. Petrow ofreció una analogía ligera: la felicidad —sugirió— es como un Twinkie azucarado: dulce, pero de corta duración; mientras que el gozo se parece más a un muffin integral, nutritivo y sostenedor. Uno ofrece un impulso breve seguido de una caída; el otro brinda una satisfacción duradera.

Aunque estas ilustraciones son juguetonas, también revelan una tensión más profunda: si el gozo es algo que intentamos fabricar o consumir, ¿cómo podemos realmente poseerlo y cuánto tiempo puede durar?

Gozo por encima de la felicidad

La cultura moderna suele tratar la felicidad y el gozo como términos intercambiables, pero la Escritura establece una distinción importante entre ambos. La felicidad normalmente está ligada a los acontecimientos: sube y baja según las circunstancias, la comodidad, el éxito y el bienestar emocional. Cuando la vida es favorable, la felicidad florece; cuando llegan las dificultades, se desvanece con rapidez.

El gozo, en cambio, es más profundo y resistente. El gozo bíblico no depende de las circunstancias externas, sino que está arraigado en una relación, específicamente en la relación con Dios. El gozo puede coexistir con el dolor, la incertidumbre e incluso el sufrimiento. No es la ausencia de dolor, sino la presencia de esperanza en Cristo resucitado. Por eso la Escritura puede hablar de gozo en medio de las pruebas (Santiago 1:2–3) y por eso los creyentes, a lo largo de la historia, han dado testimonio de gozo incluso en temporadas de pérdida o persecución.

Comprender esta distinción es fundamental. Cuando el gozo se confunde con la felicidad, la fe puede sentirse frágil o fácilmente sacudida cuando la vida trae decepciones. Cuando el gozo se entiende como una confianza firme en el carácter de Dios, en sus promesas y en su presencia interior, se convierte en un ancla para el alma. El gozo no niega la dificultad; declara que la dificultad no tiene la última palabra.

El gozo según lo define Dios

La iglesia está llamada a ser portavoz de esperanza y gozo en un mundo que busca satisfacción a través del dinero, las posesiones y las relaciones. La Escritura exhorta a los creyentes a estar preparados para explicar esta esperanza: “Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes” (1 Pedro 3:15).

Las Escrituras hebreas y griegas emplean diversos términos que en español se traducen como gozo o alegría. Según la traducción, este concepto aparece entre 200 y 280 veces en la Biblia, lo que evidencia que no es un tema secundario, sino central en la vida del pueblo de Dios.

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 «Nuestra fuente de gozo se encuentra en Cristo, pero la expresión de ese gozo es la presencia permanente del Espíritu Santo».

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El apóstol Pablo ofrece una de las imágenes bíblicas más claras del gozo. A menudo descrito como el apóstol de la debilidad y la gracia, Pablo utiliza alguna forma de la palabra gozo más de veinte veces en sus cartas. Lo más notable es que su gozo rara vez está vinculado a circunstancias favorables. Más bien, está arraigado en el poder del Espíritu Santo y en la realidad de la resurrección de Cristo. Muchas de sus referencias al gozo aparecen junto al sufrimiento y la aflicción (2 Corintios 7:4; 8:2; Filipenses 2:17; 1 Tesalonicenses 1:6). En otras ocasiones, su gozo fluye al ver la fe, la unidad y la perseverancia de otros en Cristo (Romanos 15:30–33; Filipenses 2:2, 18).

Gozo para los santos

Lo que podemos ver es que el gozo no se define necesariamente por nuestras circunstancias ni siquiera por nuestros deseos. Pablo nos muestra que podemos recibir gozo de otros al contemplar su fe y su gozo en Cristo y que, aun en medio de circunstancias difíciles, el gozo puede ser un fundamento firme sobre el cual apoyarnos. El gozo no es solo para la época navideña. Aunque el nacimiento de Cristo introdujo la fuente de nuestro gozo, el gozo debería ser una realidad constante en nuestras vidas, todos los días.

Nuestra fuente de gozo se encuentra en Cristo, pero la expresión de ese gozo es la presencia permanente del Espíritu Santo. En un mundo que busca señales y prodigios como prueba de que Dios es real y atento, la Escritura señala algo más silencioso, pero más poderoso. El gozo —enseña Pablo— es fruto del Espíritu: visible, vivido y convincente. El gozo debería ser la señal que la iglesia ofrezca a esta generación que busca.

Mientras los creyentes miran hacia el año 2026, el llamado es claro: el gozo no está reservado para unas pocas semanas al final del año. Está destinado a caracterizar la vida diaria de quienes caminan con Cristo. El desafío para la iglesia es encarnar este gozo como un testimonio vivo, recordando las palabras del apóstol Pablo: “En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio” (Gálatas 5:22–23)

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Jason Shawa es pastor ejecutivo de administración en Christ Community Church, en Columbus, Georgia, y capellán hospitalario PRN. Cuenta con más de 25 años de experiencia en ministerio y liderazgo, y posee títulos de licenciatura, maestría en divinidad y doctorado. Su pasión es compartir la esperanza de Cristo mediante la predicación, la enseñanza, el cuidado pastoral y la escritura.

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