Por John Carter Adams
El don de la paz
“Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo” (Juan 14:27 NTV).
La paz es más que la ausencia de conflicto, es la destrucción intencional del caos y el establecimiento del orden divino. La antigua palabra hebrea shalom revela un significado más profundo: “destruir la autoridad que establece el caos”. Desde el principio, a la humanidad se le ha confiado esta tarea. Génesis 1:26 (NTV) dice: “Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, para que sean como nosotros”, incorporando en nosotros el propósito divino de co-crear orden junto a Dios.
Pero ¿cómo cumplimos con este llamado? ¿Qué significa pasar del caos al orden, y cómo vivimos como puentes entre el cielo y la tierra? Para explorar esto, profundicemos en la narrativa bíblica y examinemos dos figuras que encarnan estos principios: Moisés y Jesús.
El Propósito Divino de la Humanidad
El llamado a crear orden comienza en Génesis 1. La humanidad está hecha a “imagen” de Dios (tselem), que simboliza la capacidad de gestionar el caos de forma creativa y constructiva. Además, la “semejanza” (demuth) señala nuestro papel como puentes seguros entre el cielo y la tierra. Este doble propósito de reinar sobre la creación y fomentar la conexión divina se ilustra en Génesis 2, donde Adán nombra a los animales, participando en el proceso creativo de Dios.
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«En el mundo moderno, este llamado se traduce en actos tangibles de creatividad».
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Este propósito fundamental se extiende a los ritmos de nuestra vida diaria. Cada acto de mayordomía ya sea en nuestras familias, lugares de trabajo o comunidades, se hace eco del llamado original a transformar el caos en orden. En el mundo moderno, este llamado se traduce en actos tangibles de creatividad. Considere una pila de madera entregada en una tienda de mejoras para el hogar o rollos de tela en un cuarto de costura. Estas materias primas encarnan el potencial: el caos a la espera de un orden. Un constructor crea un hogar; Una costurera elabora prendas. Esta es la humanidad reflejando la imagen de Dios.
Moisés: Consumiendo el Caos
La historia de Moisés demuestra cómo la obediencia a Dios puede transformar el caos en orden. En el Mar Rojo, Moisés se enfrenta a la máxima representación del caos: aguas turbulentas y el ejército egipcio que los persigue. Con el poder de Dios, Moisés divide el mar, creando un camino seguro para los israelitas y consumiendo el caos de sus opresores.
En Deuteronomio 6:4, el Shemá comienza: “Escucha, oh Israel”. La palabra “oír” implica no sólo escuchar, sino también obedecer. Moisés enseña a Israel que la obediencia a los mandamientos de Dios conduce al orden social y a la libertad. Este principio se refleja en los Diez Mandamientos, que establecen un marco moral para contrarrestar el caos del pecado.
Israel es la nación (pueblo) a la que se le ha dado la autoridad para destruir el caos. Según Romanos 11:19-24, Jesús ha injertado a los nuevos creyentes en su pueblo. ¿Cuál es la implicación entonces? A los seguidores de Jesús se les enseña el camino del Señor. Sí, ¿de qué manera es eso? Una forma es ser consumidores del caos. A los seguidores de Jesús se les ha dado la autoridad para consumir el caos. La descripción de la creación de la participación de las personas coincide con el resultado de que Jesús es el Señor de nuestras vidas: ser seguidores, ser injertados, ser consumidores de caos.
La vida de Moisés nos desafía a considerar cómo podríamos “oír y obedecer” en nuestros propios contextos. ¿Dónde están los lugares de caos en nuestras vidas que necesitan ser separados, y cómo podemos, a través de la guía de Dios, crear caminos de paz?
Jesús: Calmando la tormenta
El ministerio de Jesús es el máximo ejemplo de la creación del orden divino. En Marcos 4:35-41, Jesús calma una furiosa tormenta. Los discípulos entran en pánico cuando los truenos, el viento y las olas amenazan sus vidas. Sin embargo, Jesús reprende a la tormenta, diciendo: “¡Silencio! ¡Cálmate!”. El caos obedece y prevalece la calma. Este acto no solo demuestra la autoridad de Jesús sobre la naturaleza, sino que también simboliza su poder para traer paz a nuestra agitación interior.
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«Nuestro papel es discernir la diferencia y actuar en consecuencia, alimentando el caos constructivo y desmantelando las fuerzas destructivas».
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En otro caso, Jesús camina sobre el agua, encarnando el triunfo sobre el caos (Mateo 14:22-33). Su invitación a Pedro a unirse a Él refleja nuestro llamado a dar un paso adelante en la fe, confiando en que Dios nos da el poder para superar el caos que nos rodea. Estas historias nos invitan a examinar las tormentas en nuestras vidas y considerar cómo podemos invitar a Jesús a hablar de paz en esas situaciones.
Caos constructivo vs. caos destructivo
No todo el caos es inherentemente destructivo. Génesis 1:2 describe la tierra como “desordenada y vacía” (RVR1960) antes de que Dios comience Su obra creativa. El caos constructivo es el potencial bruto del que puede surgir el orden. Este es el caos de un lienzo en blanco, un campo sin arar o un nuevo comienzo.
Sin embargo, el caos destructivo, el caos de la opresión, el pecado y la desobediencia, debe abordarse con urgencia. Por ejemplo, consideremos el contraste entre Hungría y Rumania después de la caída del comunismo. Hungría abrazó la creatividad y la renovación, como se manifiesta en comunidades vibrantes y en una innovación floreciente. Rumania, por el contrario, permaneció bajo la sombra gris de la destrucción, con su pueblo sofocado por años de caos impuesto.
Nuestro papel es discernir la diferencia y actuar en consecuencia, alimentando el caos constructivo y desmantelando las fuerzas destructivas.
Convertirse en humano
En Lucas 9:1-2, Jesús empodera a sus discípulos, dándoles “poder y autoridad para expulsar a todos los demonios y para sanar enfermedades”. Esta autoridad se extiende a nosotros hoy, cuando estamos llamados a participar en la misión de Dios de restaurar el orden. Ser humano, entonces, no es simplemente existir, sino cumplir activamente nuestro propósito como co-creadores con Dios.
Este concepto se repite en la pregunta: “¿Te estás convirtiendo en humano?” La verdadera humanidad refleja la imagen de Dios al fomentar la paz, crear orden y tender puentes entre el cielo y la tierra. Como dice Efesios 4:11-12: “Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo” (NTV).
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«Jesús se convierte en el consumidor del caos».
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Nuestro camino hacia llegar a ser verdaderamente humanos implica aceptar estos roles, reconociendo que cada uno de nosotros tiene una contribución única que hacer en el reino de Dios. Ya sea enseñando, sirviendo o liderando, participamos en el acto divino de poner orden en el mundo.
Hay otro viaje que la mayoría de los humanos van a tomar o han tomado. Este viaje comienza con la muerte. Morir es una traducción inversa desde la perspectiva de una imagen de palabras. Tienes el signo o la totalidad del caos, o podría decirse el caos definitivo.
¿Cómo lidia Jesús con esta última forma de caos?
Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto. Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá. ¿Lo crees, Marta?” (Juan 11:25-26 NTV)
Pero Dios lo liberó de los terrores de la muerte y lo volvió a la vida, pues la muerte no pudo retenerlo bajo su dominio (Hechos 2:24 NTV).
Jesús se convierte en el consumidor del caos. ¡Qué título tan maravilloso para Jesús! ¡Qué cosa tan maravillosa ha hecho Yahweh por nosotros y por el mundo!
El don de la paz
Las palabras de despedida de Jesús en Juan 14:27 nos recuerdan la paz que trasciende el entendimiento. Esta paz no es pasiva sino activa, una invitación a destruir la autoridad del caos en nuestras vidas y en el mundo. Al abrazar este llamado, encontramos gozo, creatividad y satisfacción al ser corregentes de Dios.
Así que la pregunta sigue siendo: ¿Te estás convirtiendo en humano? ¿Estás entrando en tu propósito divino de crear orden, tender un puente entre el cielo y la tierra, y vivir en la paz del reino de Dios? A medida que respondemos a estas preguntas, que podamos movernos audazmente del caos al orden, llevando la luz de Cristo a un mundo que necesita restauración.
Recursos:
- “Hebrew Word Pictures [Imágenes de palabras hebreas]” por Frank T. Seekins
- “Salvation Means Creation Healed: The Ecology of Sin and Grace [La Salvación Significa Creación Sanada: La Ecología del Pecado y la Gracia]” por Howard A. Snyder (Autor), con Joel Scandrett
- “Hebrew Word Study [Estudio de la palabra hebrea]” por Skip Moen
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John Carter Adams tiene una maestría de Wheaton College en Evangelismo y Discipulado. Es el vicepresidente retirado del Instituto para Evangelistas Itinerantes Emergentes, un ministerio de East West Ministries International en Plano, Texas.
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