Obispo Keith Cowart

Obispo Keith Cowart

El Obispo Keith Cowart, D. Min., supervisa los ministerios Metodistas Libres, así como la Eastern Seaboard (Costa Este), en el Centro Sur de los Estados Unidos y también en Europa, el Medio Oriente y Asia. Fue elegido obispo de la Iglesia Metodista Libre – USA en la Conferencia General de 2019. Anteriormente sirvió como superintendente de la Región Sureste después de 21 años como el pastor principal fundador de la Iglesia Comunidad de Cristo, en Columbus, Georgia.

por Obispo Keith Cowart

En 1997, mi esposa, Pam, y yo nos vimos en la búsqueda de una nueva denominación. Estábamos convencidos de que Dios nos había llamado a plantar una iglesia, pero la puerta estaba claramente cerrada en la denominación en la que habíamos nacido. Cuando la Iglesia Metodista Libre entró en nuestro radar, nos sentimos particularmente atraídos al “corazón del reino” de cada líder que íbamos conociendo. Cansados de la burocracia y del institucionalismo denominacional, la clara devoción al reino de Dios por encima del denominacionalismo fue un gran soplo de aire fresco. Incluso recuerdo haber preguntado: “Si plantamos esta iglesia con la IML, ¿es obligatorio que incluyamos ‘Metodista Libre’ en el nombre?” La respuesta fue tan refrescante como sorprendente: “Si su trabajo es para el reino, su trabajo es con nosotros”.

Veintitrés años después, sigo estando profundamente agradecido de que el Metodismo Libre esté más interesado en construir el reino de Dios que nuestro propio imperio. A través de los años, sin embargo, he llegado a la pregunta de si necesariamente, tener “el reino en el corazón” requiere la resistencia a un fuerte sentido de identidad tribal. Realmente se necesita la pregunta: “¿Son las denominaciones con una identidad distinta mayormente un obstáculo a un más extenso trabajo del reino, o de hecho lo mejoran?”. Probablemente sea importante que hagamos una distinción entre el denominacionalismo y las denominaciones. El denominacionalismo exige la máxima lealtad a la tribu e identifica la fuerza denominacional (¿o la supervivencia?) como el objetivo principal. En el mejor sentido de la palabra, una denominación es un movimiento que existe para el reino, impulsado por un claro sentido de su visión distintiva, su misión y sus valores.

Puedo recordar el tiempo cuando yo consideraba a las denominaciones como “cosas de la humanidad”, o lo opuesto al reino, que claramente era la creación del Espíritu. Ya no considero de ayuda sostener ese concepto binario de las denominaciones y el reino. Más bien, he llegado a la creencia de que Dios levanta los movimientos para fines de recalibrar, fortalecer, llenar las brechas, o satisfacer las necesidades específicas dentro de Su trabajo global. Ese concepto me ha motivado a un aprecio mayor de nuestro propio movimiento, a la vez que mantengo un profundo amor por, y una más grande lealtad al reino.

Es posible que sea beneficioso pensar sobre las denominaciones en términos de la descripción de Pablo acerca de la iglesia como “el cuerpo de Cristo”. Típicamente, nosotros pensamos de esa imagen en términos de una iglesia local, reconociendo inmediatamente la belleza y el valor de una comunidad diversa de individuos, cada uno de los cuales hace una contribución única al todo. ¿Pero qué si entendiéramos las denominaciones de una manera similar? Cada denominación sería vista entonces como algo que hace una contribución única que enriquece y fortalece la obra de la iglesia global.

Y si no hubiera Metodistas Libres?

El asesor y amigo Will Mancini nos preguntó (a la Junta de Obispos) el año pasado: “¿Qué perdería el reino si repentinamente ya no existieran los discípulos Metodistas Libres?” con toda franqueza, si la respuesta a esa pregunta es “nada, en particular”, deberíamos dar gracias a Dios por todo lo que Él ha hecho por medio de nuestro movimiento en el pasado, cerrar nuestras puertas, y buscar un movimiento que realmente haría falta si desapareciera el día de hoy. Un “movimiento” que no tiene ninguna razón para su existencia, y que no ofrece beneficios significativos al reino de Dios, no es un movimiento en absoluto. Es una institución que fácilmente se puede convertir en un ídolo.

Durante los últimos nueve meses, nosotros (la Junta de Obispos) hemos procurado preguntar si nuestro movimiento sigue teniendo relevancia para el reino de Dios en el día de hoy. Como resultado, hemos llegado a la conclusión dual de que la necesidad de un movimiento como el nuestro es, al menos, crítico en la actualidad como lo era en 1860, pero estamos sufriendo de algo así como una crisis de identidad. Muchos de nosotros realmente no sabemos en absoluto lo que significa ser Metodistas Libres en relación con otros movimientos. Hay otros convencidos de que nos hemos transformado en algo que nunca nos propusimos ser. Otros más se están aferrando a la esperanza de que llegaremos a ser algo que nunca hemos sido.

Además de nuestro desafío, tenemos la extrema polarización que se está apoderando de nuestra nación. Si habíamos pensado que nuestro movimiento era en gran manera inmune a las tendencias culturales de nuestra nación, 2020 ha eliminado esa noción. En el surgimiento del torbellino de una pandemia global, intranquilidad racial, y una elección nacional como ninguna otra en nuestra historia, muchas de nuestras iglesias están tan divididas como nuestra nación. Parece lógico que tal división sea una consecuencia natural de una identidad tribal inadecuada. Sin un claro y estimulante sentido de quiénes somos como cristianos Metodistas Libres, nos quedamos vulnerables a ideologías alternativas que se filtran (o se estrellan) en el vacío. El resultado final es que nos podemos sentir como unos extraños unos con otros porque nos identificamos más fuertemente con ideologías políticas competidoras, o ideologías sociales, en lugar de una ideología compartida comúnmente, conformada a todo el espectro de la Palabra de Dios y a nuestras raíces Metodistas Libres.

Valores y Cultura

De manera que hemos pedido a Dios nos dé un claro sentido de qué quiere Él que seamos como Metodistas Libres para tiempos como estos. Con todo el pueblo de Dios, primero entendemos que hemos sido diseñados para ser como “una ciudad en lo alto de una colina [que] no puede esconderse” (Mateo 5:14-16), viviendo como “extranjeros y peregrinos” (1 Pedro 2:11) que se rehúsan a “conformarse a este mundo”, pero que continuamente están siendo transformados por la renovación de nuestras mentes (Romanos 12:2). Para fines prácticos, eso significa que nuestra identidad no se encuentra en la esfera de la política o el nacionalismo, sino que nuestro papel como “embajadores” (2 Corintios 5:20) de un reino que “no es de este mundo” (Juan 18:36). Con esa mentalidad, podemos estar por sobre la tentación de enamorarnos con lo que promete seguridad, prosperidad y confort en el mundo, para darnos a nosotros mismos, inmerecida y sacrificialmente a nuestra verdadera misión de alcanzar a los perdidos y hacer discípulos de todas las naciones.

En términos de nuestro rol particular dentro de la iglesia global, creemos que Dios nos ha llamado a adoptar esa misión de tal manera que ha sido, y debe seguir siendo conformada por personas como Juan Wesley y B. T. Roberts, a quienes Dios utilizó para traer nuestro movimiento a la luz. Pero también nos adherimos a la convicción de que Dios quiere edificar sobre ese legado para traernos una expresión fresca de nuestro movimiento que tendrá la misma clase de impacto en el siglo 21, como la obra que Él realizó por medio de nuestros padres y madres fundadores/as en los siglos 19 y 20. Así, le hemos pedido a Dios que nos dé un sentido renovado de nuestra identidad como Metodistas Libres, que viene a ser tanto histórica como aspiracional. El resultado es un documento al que hemos llamado El Camino Metodista Libre. No es una declaración de visión o misión. No es un plan estratégico. Es una declaración de valores centrales cuyo propósito es definir quiénes somos como un movimiento distinto dentro del reino de Dios el día de hoy.

¿Cuál es el valor de un documento así? Creemos que será de beneficio para nuestro movimiento en cuatro maneras diferentes. Antes que nada, trae claridad a nuestro sentido compartido de identidad. En un sentido, nuestro movimiento conlleva valores que han sido sostenidos por otros movimientos, fiel y bíblicamente sanos. Pero ¿Cuáles de ellos son específicamente importantes para nosotros? La naturaleza de un movimiento está en que es motivado por pasiones específicas que lo distinguen de otros movimientos en el cuerpo de Cristo. Pertenecemos a este movimiento y no a otro porque compartimos las pasiones de esta tribu en particular. Esta claridad también proporciona importantes salvaguardas mientras participamos en otros movimientos. Es correcto y bueno que los Metodistas Libres participen en partidos políticos, organizaciones cívicas o movimientos sociales, pero nuestro objetivo siempre debe ser el de influenciar en dichos movimientos oponiendo nuestros valores a la alineación indiscriminada de los nuestros con los de ellos.

Segundo: Quiere decir ayudar en la creación de una cultura Metodista Libre distinta. El famoso Peter Drucker dijo: “La cultura se come a la estrategia para el desayuno, el almuerzo y la cena.” La visión y estrategia son características importantes de cualquier movimiento, pero la cultura es más poderosa porque refleja la manera en que de hecho vivimos unos con otros, cumplimos con nuestra misión, y el espíritu con el que realizamos ambas. Sin duda, la identificación de estos valores en un documento no crea en sí misma cultura, pero cuando se combina con una ejecución eficaz y una responsabilidad significativa proporciona el enfoque necesario para cultivar estos valores de formas concretas que sean consistentes en todo nuestro movimiento.

Tercero: Este documento se propone nutrir unidad con diversidad. Así como posiblemente disfrutemos la facilidad de la armonía, o simplemente “nos dejamos llevar”. La iglesia es llamada a una norma mucho más alta de unidad. La unidad bíblica se basa en un compromiso mutuo a un conjunto de verdades esenciales, pero de una manera que no priva a la iglesia de la belleza de la diversidad en lo no esencial. Junto con otros documentos vitales como nuestros “Artículos de Religión” y el “Peregrinaje del Cristiano” que se encuentran en el Libro de Disciplina, los cinco valores centrales de El Camino Metodista Libre tienen como meta crear los parámetros dentro de los cuales celebramos una rica diversidad de nuestra tribu multicultural, multirracial, multigeneracional y multiétnica.

Finalmente, es nuestra esperanza que El Camino Metodista Libre se convierta en una herramienta importante en nuestra obra del desarrollo de liderazgo. Si nuestra pasión para estos valores es, y sigue siendo inspirada por el Espíritu Santo, debemos darnos a nosotros mismos de manera confidencial a hacer discípulos que estén fundados no solo en los preceptos generales de nuestra fe cristiana, pero también adherirnos a los distintos valores de nuestra tribu. De igual manera, debemos asegurarnos de que los líderes de nuestras iglesias y conferencias lo sean de modo que mejoren nuestra identidad tribal. Como se mencionó anteriormente, hacerlo no disminuirá nuestra máxima devoción al reino de Dios, pero asegura que las personas llamadas Metodistas Libres continuarán aportando su contribución distintiva al cuerpo global de Cristo.

Así, sin más preámbulos, aquí te ofrecemos El Camino Metodista Libre:

El Camino Metodista Libre

Los Metodistas Libres son primero y ante todo un pueblo del Reino. Sin embargo, a lo largo de la historia de la iglesia, Dios ha levantado distintos movimientos como el nuestro para enriquecer el cuerpo total de Cristo. Construyendo sobre los legados de Juan Wesley y B. T. Roberts, pero siempre discerniendo en dónde Dios se está moviendo hoy, nuestra identidad se conforma por valores que son tanto históricos como aspiracionales. De los muchos valores que mantenemos profundamente el día de hoy, estos cinco permanecen como el corazón de nuestro movimiento. Nosotros los consideramos como un todo, cada uno mantiene un equilibrio necesario con los otros. En un tiempo de polarización creciente en nuestra nación, resistimos el empuje hacia el fundamentalismo y el liberalismo teológico — no a partir de un espíritu de compromiso, sino de un compromiso radical a lo que Juan Wesley llamó “la mitad del camino”. Es un camino que toma todo el evangelio en serio y nos llama continuamente a las convicciones de “ambos/y” en un mundo de “uno u otro”. Lo llamamos El Camino Metodista Libre.

Santidad Vivificante

 

El llamado de Dios a la santidad nunca tuvo la intención de ser una carga, sino un regalo que nos libera de por vida, que es verdaderamente vida librándonos del poder destructivo del pecado.

Todos los que son nacidos de nuevo han sido justificados con Dios por la obra completa de Jesucristo y llamados a la experiencia de la plenitud de la presencia del Espíritu Santo. Perdonados y plenos, nos acercamos a la vida con la confianza de que somos aceptos por Dios aunque Él continúa transformando nuestro carácter y comportamiento para ser más y más como Cristo. La santidad que da vida, luego, es el fruto de la completa entrega al amoroso reino de Dios sobre cada aspecto de nuestras vidas, estableciendo dentro de nosotros el amor que es verdadero amor.

Dejando atrás el legalismo que una vez obstaculizó nuestro movimiento. El Camino Metodista Libre invita a cada creyente a adherirse a la obra salvadora del Espíritu Santo que nos empodera para amar y servir a Dios y a los demás en gozosa obediencia.

Justicia Impulsada por Amor

 

El amor es la manera de demostrar el corazón de Dios para la justicia al evaluar la imagen de Dios en todos los hombres, mujeres y niños, actuando con compasión en favor de los oprimidos, resistiendo la opresión, y administrando la creación.

Nos dedicamos a las profundas convicciones de nuestros fundadores con relación a la injusticia al tomar partido en contra de los males de la esclavitud, la opresión de los pobres, la marginación de las mujeres, y el abuso del poder en la iglesia. Nuestro corazón por la justicia continúa y se expande el día de hoy, impulsado por el santo amor de Dios por los nonatos, los vulnerables, oprimidos, marginados, y las personas de todas las razas y etnias.

El Camino Metodista Libre no es solo para tener una mejor sociedad, sino para que todos puedan ser reconciliados con Dios, y unos con otros, de tal manera que reflejen el carácter justo de Dios.

Multiplicación Impulsada por Cristo

 

El evangelio de Jesucristo — el mensaje que Él proclamó, la vida que Él vivió, y el ministerio que Él practicó — puso en acción un movimiento redentor destinado a llenar toda la tierra.

El enfoque de Jesús al discipulado fue principalmente relacional por cuanto Él derramó Su vida en unos pocos con toda la expectativa de que ellos seguirían Su ejemplo. Su objetivo era no solamente la transmisión de información, sino la transformación de vidas por el empoderamiento de aquellos que le seguían para hacer lo que Él había estado haciendo. Su misión es ahora nuestra misión. Creemos que este movimiento redentor de la multiplicación se aplica a cada creyente, y debe permear nuestra cultura Metodista Libre en todos los niveles: los alcanzados alcanzando a los perdidos, discípulos haciendo discípulos, líderes, desarrollando líderes, iglesias plantando iglesias, y movimientos formando movimientos. 

El Estilo Metodista Libre es ver el reino de Dios expandirse exponencialmente mientras las personas ordinarias son equipadas por el poder de Dios para hacer cosas extraordinarias.

Colaboración Intercultural

 

Desde el principio, la intención de Dios era tener un pueblo de cada nación, cultura y etnia, unido en Cristo y comisionado a llevar Su obra al mundo.

Hoy celebramos la belleza de una iglesia multicolor y multiétnica, lo mismo en los Estados Unidos y en los más de 100 países alrededor del mundo. En los Estados Unidos nos adherimos a la promesa de que somos hechos uno en Cristo, aun cuando nos dedicamos a ser una iglesia más diversa que se ve como el reino de Dios. Globalmente, continuamos enviando misioneros a otras naciones, aunque nos regocijamos de que las naciones increíblemente están cada vez más viniendo a nosotros. Compartiendo libremente nuestros propios dones y recursos, también somos desafiados e inspirados por la fidelidad, perseverancia, oración incesante, ideas teológicas, y sabiduría de nuestros hermanos y hermanas internacionales. Sin duda alguna, somos mejores, si estamos juntos.

El Camino Metodista Libre aspira a ir más allá del colonialismo y el etnocentrismo en favor de un compañerismo colaborador en la obra global de Dios en anticipación del día cuando una gran multitud de toda lengua, tribu, pueblo y lengua nos convierta en la muchedumbre eterna ante el trono de Dios (Apocalipsis 7:9).

Revelación Otorgada por Dios 

 

Nos adherimos sin fluctuar a nuestra convicción de que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios y nuestra autoridad final en todo lo que tiene que ver con la fe y la práctica.

Pintando sobre nuestro legado Wesleyano de involucrarnos con la Escritura a través de los lentes de la tradición, la razón, y la experiencia, mantenemos la Escritura en primer lugar. Mientras que la iglesia siempre tendrá la tarea de comunicar con autenticidad, y aplicando las verdades bíblicas con sensibilidad a las dinámicas culturales, no subyugamos las verdades eternas de la Biblia a las normas culturales o las tendencias sociales.

El Estilo Metodista Libre es para alinear totalmente nuestras vidas y nuestro movimiento sobre el inconmovible fundamento de la Palabra de Dios.

 

Comprensión e Inspiración

Durante los siguientes cinco meses, la Junta de Obispos e invitados, estarán tratando uno de estos valores cada mes. Nuestra esperanza es que los artículos adicionales nos proporciones una mayor claridad y entendimiento, así como la inspiración a practicarlos de todo corazón, tanto en lo personal como en lo corporativo.

Como nota final, queremos enfatizar la naturaleza colectiva de estos cinco valores. Enfocarnos en uno a expensas de los otros es perder el verdadero poder de este documento. Por ejemplo, sería un error trágico adoptar la Santidad que da Vida, mientras que ignoramos La Justicia que Impulsa al Amor. El mismo Dios que dijo: “Sean santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16) también nos pidió “Fluya la justicia como arroyo inagotable” (Amós 5:24). Parte de lo que nos convierte en Wesleyanos y Metodistas Libres es nuestra grande y profunda devoción a la santidad personal y social. De igual manera, nuestro compromiso a la autoridad de las Escrituras en la Revelación dada por Dios conforma y provee de importantes parámetros a cada uno de los otros cuatro. Eso es, y debe seguir siendo El Camino Metodista Libre.+

Obispo Keith Cowart

Obispo Keith Cowart

El Obispo Keith Cowart, D. Min., supervisa los ministerios Metodistas Libres, así como la Eastern Seaboard (Costa Este), en el Centro Sur de los Estados Unidos y también en Europa, el Medio Oriente y Asia. Fue elegido obispo de la Iglesia Metodista Libre – USA en la Conferencia General de 2019. Anteriormente sirvió como superintendente de la Región Sureste después de 21 años como el pastor principal fundador de la Iglesia Comunidad de Cristo, en Columbus, Georgia.